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azuldeblancos

Disculpen las molestias ...

Ha llegado la hora de cambiar. Renovarse o morir, dicen.
Este blog ha cumplido su objetivo, me ha permitido conoceros y conocerme, pero se está quedando pequeño. Muchos días no funciona, y ni puedo escribir yo, ni vistarme vosotros...
Así que estais todos invitados a la GRAN INAUGURACIÓN great opening del nuevo blog de AZUL de Blancos http://azuldeblancos.blogspot.com
No cambiará el estilo de los contenidos, yo soy yo esté donde esté, lo que sí trataré de cambiar es que las cosas estén más ordenadas, que pueda utilizar nuevas herramientas que este blog no me permitía, y que siempre os reciba con las puertas abiertas, sin fallos (espero). No cerraré este blog, quiero dejar todos los posts a disposición de quien quiera curiosearlos.
Os espero a todos por allí, y siento las molestias ocasionadas para los que me teneis entre vuestro vínculos, tendreis que actualizarlos :-P

Besos para todos, y gracias por haber hecho que este blog tuviera vida.

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Escogiendo un sueño ...

Escogiendo un sueño ...

Hoy he decidido escoger lo que voy a soñar, estoy harta de que los días que me apetezca soñar con algo en concreto, luego me aparezca otro sueño que me descoloque totalmente.

Así que voy a hacer como cuando elijo una película del estante ... ¿qué quiero hoy? veamos ...

algo tierno tipo La vida es Bella,
o una romanticona como Tú y yo o su remake Algo para recordar,
o tal vez una de acción tipo El fugitivo,
o quizás una en blanco y negro como La fiera de mi niña o La costilla de Adán
... ¿qué tal una para llorar como Philadelphia? ... no, hoy no,
¿y una ligerita como Tienes un e-mail? ... psé ... no me convence para esta noche,
puede que una divertida y de humor inteligente del estilo de Misterioso asesinato en Manhattan,
o una para llorar de risa de su absurdo como Una noche en la ópera,
¿un clásico como Casablanca? ... no, clásicos otro día,
o un sueño bien largo, que dure mucho tiempo como La lista de Schindler, no, que seguro que no me da tiempo a terminarlo ...,
...,
creo que ya lo tengo, voy a soñar en capítulos, como Doctor en Alaska, así, si me quedo en algo interesante, podré quedarme con la última escena y un rótulo de Continuará ...
Así, estaré deseando ver el siguiente capítulo.

Muy tontos serían ...

Muy tontos serían ...

Dicen que a quien madruga Dios le ayuda ...
Yo hoy me he venido al trabajo muy pronto porque tenía que quitarme un montón de cosas de encima. Cuando ya llevaba aquí mucho rato produciendo como una hormiguita, escucho una explosión, vibran los cristales ... algo malo ha pasado, un compañero dice "eso ha sido una bomba", le digo yo, no hombre no, si está el gobierno a punto de empezar a negociar, muy tontos serían si complican la situación ahora.
Abro, la ventana, toda la gente de la calle mira hacia el mismo sitio, empieza a pasar humo por encima del edificio donde estoy, sirenas, coches de policia pasan a toda velocidad por la calle.
Creo que ha sido un par de calles más abajo de donde estoy, llega olor a goma quemada.
Empieza a sonar el teléfono: gente que venía a trabajar y que se han quedado parados, las calles están cortadas.
Pongo la radio, a ver si hablan de la gravedad del asunto, mientras tanto, siguen sonando las sirenas y ahora las acompañan un par de helicópteros. Finalmente escucho la noticia, no han tardado mucho porque el edificio de El Pais está al lado y se han enterado los primeros.
Al parecer sólo hay algún herido leve. Bueno, dentro de lo que cabe, no ha pasado nada.

Pues nada, seguiremos trabajando, y esperando que algún día desaparezcan del todo estos sustos a primera hora de la mañana, antes de un puente, un viernes, ..., osea, que desaparezcan del todo.

¿qué cenaré hoy?

Ayer no tenía ganas de hacerme nada de cena, pero sí de cenar. Podía echar otra vez un sobre de congelados a la sartén, o abrir una de esas cremas de verduras que a la segunda vez que la tomas, ya te cansa porque te parece que llevas toda la vida alimentándote de esa pasta verde, o atacar al fiambre o meter una pizza al horno (no, eso no, que tarda mucho) ...
Fue uno de esos momentos en que abres la nevera y no encuentras nada, por muy llena que esté, pero ayer algo me llamó la atención: había una cajita con fresas que había comprado la semana pasada y ni me acordaba. Me daba pereza limpiarlas y tal, pero las vi tan bonitas que no me pude resisitr, las eché en agua, y las fui lavando una a una bajo el grifo y colocándolas sobre un trapo. Cuando llegó el momento de actuar con el cuchillo, ... me dió pena, estaban tan bonitas así colocaditas sobre el rizo blanco ...
¿¿os lo podeis creer?? ¿¿sentir pena de unas fresas?? ¡¡a dónde iremos a parar!!
Pues para que la agonía no fuera muy larga y dejarlas troceadas en un bol, preferí acabar con ellas rápido y sin dolor en un batido. Eché todas las fresas al vaso de la batidora, sólo un chorrito de leche y algo de azúcar. Moulinex en el 8, y a batir.

algo bonito

Me encanta tu sonrisa.
Porque cuando sonríes, lo haces con toda la cara


(y yo que pensaba que nada podía superar a aquello que le dijo Andy García a Meg Ryan de "... mi mujer tiene 600 formas distintas de sonreir...")

En el parque

En el parque

-¿quieres bailar conmigo? - preguntó el joven.
- no gracias, es que no me gusta esta canción. -Contestó ella.
Algo defraudado y muy asombrado por la estupidez de aquella excusa, aquél adolescente se alejó con la cabeza baja. Pensó que la suponía más inteligente, que si se había sentido atraído por ella en algún momento tenía que haber sido por algo más que sus alegres ojos verdes y su risa de aire infantil.
Al terminar de pronunciar esas palabras, ella ya se había dado cuenta de que había cometido un tremendo error, ¿por qué no habré podido quedarme en un "no, gracias"? ¿por qué buscar una excusa con lo mala que soy yo en eso? O ¿por qué no bailar con él, un sólo baile, un momento? ¿tanto trabajo me hubiera costado?. A ella no le atraía en absoluto, le caía bien, se reía con él en clase, charlaban de cosas interesantes o de tonterías, le consideraba un encanto, pero nunca había pretendido verle de otra forma, aún así, no quería herirle, y después de aquella tontería, lo había hecho.
Se cruzaron las miradas un par de veces más esa noche, pero enseguida alguno de los dos la desviaba hacia otro lado tratando de ignorar la desafortunada propuesta.
No volvieron a verse ese verano, y al año siguiente la familia de ella se mudaría a otro barrio y otro instituto por lo que, probablemente, no se volverían a ver en la vida. Tenían entonces 16 años, y ninguno de los dos pensó en el otro en los años siguientes.

Hace una semana ella estaba paseando con su niña y su cocker por el parque que había junto a su casa. La niña vio un enorme san bernardo cruzando por el puente sobre el arroyo y fue corriendo a acariciarle. El perro era más alto que la niña, y se dejó tocar pacientemente, sujeto con una correa un hombre de unos cuarenta años con el pelo cano y auriculares en los oidos.
Ella se acercó a por la niña mientras acortaba la correa de Gos, su perrito; no temía por el san bernardo, sabía que esa era una raza muy tranquila, sino por el suyo, que no podía evitar meterse con cualquier otro habitante de cuatro patas del barrio. Cuando ya había llegado al puente, cogió de la mano a la niña
-venga, vamos hija, que vas a poner celoso a Gos y ya sabes que es capaz de enfadarse mucho. Al decir eso, ni siquiera se había fijado en el dueño del perro, pero él en ella sí, y sonriendo le dijo …
- disculpe, ¿le puedo hacer una pregunta? … ¿cuál es su canción favorita?.
- ¿perdón, cómo dice?. Contestó ella extrañada.
- su canción favorita, una con la que no podría resistirse a bailar conmigo …, lo digo para que esta vez no puedas decirme que no. Y dijo esto sonriendo y ofreciéndole uno de los auriculares a ella.

No puedo decir que esta sea una historia de final feliz porque no sé si lo es, es una historia viva todavía sin final. Sólo puedo contaros que ella aceptó el auricular sonriendo, se lo puso, y pasearon juntos un rato, con el volumen de la música bajo, y charlando y riendo como lo hacían en sus días de instituto, mientras el cocker trataba de morder las patas a un san bernardo que no hacía más que ignorarle.

El cuento del otro país de nunca jamás

El cuento del otro país de nunca jamás

Existe un país de nunca jamás muy diferente de ese otro que todos conocimos de niños (y de mayores). Este del que os hablo se llama así porque nadie desearía vivir allí nunca jamás.

Es un pais donde la luz es oscura, las sombras queman y la lluvia seca las calles y mata las plantas.

Los caminos no tienen principio ni final, no llevan a ninguna parte ni traen de ninguna otra.

Las mariposas no vuelan, reptan, y los pájaros no cantan, gritan.

La música es desagradable, solo se cantan canciones sin letra.

Las sonrisas son feas y las carcajadas están afónicas.

Allí el tiempo va saltos, los minutos se esperan unos a otros para pasar de golpe por delante de tus narices burlándose de tí y las horas se desordenan.

Los amigos se odian, quedan para discutir y odiarse más aún porque así son menos felices.

Las parejas se engañan, los besos duelen, los abrazos ahogan y las caricias pican.

Los niños no juegan, descansan, no aprenden, olvidan, no les gusta pintar, ni inventar, ni reir y se les regaña cuando se portan bien.

El agua da sed, los caramelos envenenan, el café es un somnífero y el chocolate está prohibido.
Sólo está permitido beber con el objetivo de emborracharse, cualquier otro uso del alcohol es delito.

Allí el que es feliz es un desgraciado, y el desgraciado está feliz de serlo. No se llora ni se rie, las sorpresas se esperan y los regalos se compran.

Según se cuenta, cada vez que alguno de nosotros reconoce sentirse feliz, un habitante del país de nunca jamás es mandado al exilio a nuestro mundo, que no es un mundo perfecto, pero que a ellos les parece el paraíso. Así que tenemos que tratar de ser buenos anfitriones.

y tú, ¿a cuántos te has traido al "exilio"?

Dicen ...

Dicen ...

Dicen que cuando se hace un silencio es porque ha pasado un ángel.
Que si te pita el oido derecho, es porque alguien está hablando bien de tí,
y que cuando es el izquierdo son cosas que no te gustaría oir las que de tí se dicen.

Dicen que cuando te enamoras, pierdes el apetito, la tristeza y la razón.
Que cuando el amor se acaba los encuentras de nuevo.
Y que algunos han visto amores para toda la vida.

Dicen que si pides un deseo al ver pasar una estrella fugaz, se te cumplirá.
Que un trébol de cuatro hojas te traerá buena suerte.
Y que el infortunio te acompañará si un inocente gato negro se cruza en tu camino.

Dicen que morir no duele.
Que nacer es terriblemente doloroso.
Y que cuando algo duele es porque se está vivo.

Dicen que los años dan experiencia.
Que con el paso del tiempo nos hacemos mayores.
Y que algunos niños nunca crecen.

Dicen que el sol sale todas las mañanas.
Que la luna ocupa su lugar todas las noches.
Y que las nubes los ocultan cuando están tristes.

Dicen que las aves no tienen sentimientos y por eso no pueden disfrutar de sus vuelos.
Que algunos animales son más inteligentes que el hombre.
Que un elefante tiene miedo de un ratón, y un ratón de un hombre.

Dicen que el saber no ocupa lugar.
Que la ignorancia es una enfermedad curable.
Y que nunca se termina de ser sabio.

Dicen que los sueños no son reales.
Que las pesadillas pueden ser peores que la realidad.
Y que no hay nada mejor que soñar despierto.

Dicen que hay de todo en este mundo.
Que algunas cosas no existen.
Y que hace mucho tiempo no existía nada.

Dicen …

La vida de una piedra

La vida de una piedra

Él sabía lo que tenía que encontrar, sólo necesitaba quitar toda la materia que cubría ese rostro que tan bien conocía.
Como un excavador de tesoros, comenzó a eliminar lascas de la parte inferior de la roca, y así fueron apareciendo sus pies descalzos, recibiendo las cosquillas del final de su falda.
Fue subiendo, profundizando más en el inanimado bloque de granito hasta conseguir estrechar un cordón a su cintura, y fue meticuloso limpiando los restos que entropecían las hebras de aquél cordón.
Con fuerza y suavidad limpió los pliegues de su blusa, dejando ver la seda de la que estaba compuesta. Dejó que los codos asomaran y elevaran hacia el rostro, aún sin descubrir, las pequeñas manos al final de unos estilizados y ligeros brazos. Tras aquellas manos entrelazadas que rozarían la barbilla, tenía que encontrar el cuello, un cuello levantado sobre unas clavículas que sólo podían resumirse en delicadeza.
Limpió hasta conseguir la suavidad que él recordaba en esa piel, y su tersa prolongación hacia la mandíbula, los tímidos labios, las mejillas aterciopeladas, la nariz larga de la que ella tanto se había quejado. Dedicó especial interés a dejar bien limpia la expresión de sus ojos, sus grandes pupilas rodeadas del azul del mar, la firmeza de unas cejas que jamás dejaron duda de la franqueza de su mirada.
Liberó el resto de la cabeza de todo el material adherido a ella, fragmento tras fragmento, hasta que su cabello recogido dejó caer un par de mechones como cuando el viento del norte desmontaba su peinado. Aparecieron también bajo esos kilos de piedra las pequeñas orejas que le habían enloquecido, y de ellas colgaban unos pequeños pendientes de malaquita que él recordaba ver oscilando con cada uno de sus diminutos movimientos.
-Lucía, amor, espero que ahora te sientas mejor, sin toda esa piedra sin sentido escondiéndote del mundo. Yo sí te veo mejor, ahora puedo de nuevo cobijarme en tu mirada.

Imagen: fotografía de Jennifer Bowles

simplemente

simplemente

Aunque todo parezca ir en contra,

problemas que sólo han nacido para morir resueltos,
imprevistos que, al conocerse, deben pasar a la lista de los previstos,
enfados que piden a gritos ser felices,
cansancio que está deseando irse a dormir contigo y hacer las paces,
horas que pasan de largo y deberían esperarte,
enredo de ideas planificando cómo desenredarse y
ruido que estaría encantado de callarse.

Es posible encontrar entre todo esto,

luz para ver mejor por dónde ir,
ayuda que aparece por donde menos te la esperas,
soluciones que eres capaz de encontrar,
risas que destapan tus oídos,
momentos que te alegras de haber vivido,
victorias conseguidas sólo por tí mismo,
experiencias que nadie te podrá quitar y
oportunidades que te hacen ver de cerca lo que parecía lejano.

Así que no me digas nada más, simplemente, sonríeme.

Sin que me vean

Sin que me vean

Hoy me he hecho invisible.

Voy a explicarme, el día ha empezado bien, ahora pienso que me quería pillar desprevenida. Me ha hecho creer que me cuidaría, y yo, confiada, lo he creído como la niña que levanta el rostro para mirar al maestro y asentir con la franqueza más devota.

Unas horas después, sin avisarme, ha empezado a darme empujones por todos lados, empujones que no me dejaban respirar, que aceleraban el ritmo de mis latidos y animaba al mal humor a cabalgar sobre ellos alrededor de mi cabeza. Y así han pasado unas horas, unos ratos al trote, otros al galope, como la canción que me enseñaron de pequeña. Tormentosas horas tras las cuales me he sentido tan hueca de vida como un salón de revista de decoración, tan triste como una cuna cubierta de telarañas, tan patética como un zapato de tacón alto tirado en la calle, tan desagradable como una colilla apagada en un plato de comida.

Y aunque tenía verdaderas ganas de vengarme de este día por hacer que me sintiera así, he decidido ser benévola y desaparecer, mejor hacerme invisible y que el día continúe sin mí, no necesita el mundo más desgracias. Mi cuerpo ha continuado con sus obligaciones, mi voz ha seguido hablando, mis manos han seguido obedeciendo a una cabeza puesta en modo automático, pero el resto de mí ha dejado de verse.

He vuelto a casa sin que nadie me viera, y una vez en ella, tampoco nadie me ha visto. Sigo invisible e invisible me iré a dormir, pero cuando despierte mañana tengo que acordarme de volver a aparecer, que con perderme un día ya es suficiente, que lo pierdan mañana otros.

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Una vida reflejada

Una vida reflejada

Aquella gran ciudad se le había quedado pequeña, se sentía atrapada entre su gente y su rutina. En varias ocasiones en los últimos años había pensado en cambiar de vida, dejar todo lo suyo atrás, porque ni siquiera lo sentía suyo, pero nunca había llegado a hacer caso a lo que en esos momentos sólo le pareciron tonterías.

Ese día lo supo, ya no quería vivir allí, ya no quería ser la Aurora que todos sus amigos conocían, ni la Auri que toda su familia añoraría, ni la Aurora Fuentes que dejaría de recibir la nómina a fin de mes en la redacción de una manipulada cadena de televisión, porque ninguna de esas tres mujeres era feliz ni se sentía satisfecha. Había vivido siempre llevada por una arroyadora corriente que no le había permitido ver que podía haber caminos paralelos al suyo, o que en algún momento podía haber tomado un desvío hacia alguna parte.

Salió aquel día de los estudios de televisión, y se reunió con Andrés, su ex, pero en la actualidad su mejor amigo. Fueron a tomar algo como un día normal, cenaron en una de esas impersonales cervecerías que en cadena habían invadido los viejos locales del centro de la ciudad, y mantuvieron una conversación no más extraña ni más aburrida ni más divertida que la de cualquier otro día. Aurora quería contarle su decisión a Andrés, de hecho, él era la única persona a quien pensaba contárselo antes de desparecer de una ciudad que ya no le parecía más que una cárcel. Pero no supo cómo hacerlo, y cuando ya se iban a despedir, ella volvió a intentarlo sin alcanzar a decir más que -mira Andrés, quería comentarte que ... que ... no podré ir contigo al teatro la semana que viene, me ha surgido una reunión ese día y al parecer terminará tarde; lo siento pero será mejor que le pidas a otra persona que te acompañe-, a lo que él sólo pudo decir -joder, Aurora, te has puesto tan seria que me has asustado, pensaba que me ibas a decir algo importante; no pasa nada, ya buscaré pareja para esa noche.- Se despidieron con un beso en la mejilla que se prolongó más de lo habitual, o quizá sólo se lo pareció a ella porque trató de aprovecharlo al saberle el último.

No contaba con grandes ahorros, pero sí los suficientes para tirar unos meses, y la casa en la que vivía no tenía hipoteca ya que la había heredado, no tenía hijos ni animales, no había nada que pudiera servirle como excusa. Todo lo que necesitaba para irse era su modesto coche, las tarjetas de crédito, y el valor que nunca había encontrado y que ahora llevaba guardado en la maleta.

Llamó a su jefa a primera hora, cuando teóricamente ella ya debía estar leyendo las comunicados que llegaban cada mañana de las agencias de información - hola Piluca, mira, que te parecerá una tontería lo que voy a hacer pero quiero que lo respetes, lo siento si te dejo en la estacada, pero no te preocupes, en seguida me cubrirá cualquiera de esas jovencitas con ganas de triunfar ... sí Piluca me refiero a eso, que lo dejo, me despido ... espera ... entiéndelo ... me estoy asfixiando, aun no tengo cuarenta y ya me parece haber perdido la mitad de mi vida en otra vida que no me gusta, en la que no soy feliz ... lo siento Piluca ... siento que te lo tomes tan mal ... te llamaré un día de la próxima semana cuando estemos las dos un poco más calamadas ¿vale? ... me ha gustado trabajar contigo, de verdad, no es el trabajo lo que me echa de aquí ... un beso, jefa.- Colgó el teléfono, se recostó en la silla de la cocina y cerró los ojos, se sentía ya con un peso menos encima. Ahora le quedaba quitarse otros muchos, pero lo haría poco a poco, cuando ya estuviera en su destino. Metió lo más imprescindible en las dos únicas maletas que tenía, salió a la calle y respiró ese mismo aire que días atrás se empastaba en sus pulmones y que ahora tan sólo le parecía un aire sucio y seco.

Siempre le había gustado Gijón, cuando el mar enfadado invadía el paseo marítimo jugando a hacer correr a todos los viandantes, cuando la fina lluvia que caía sobre sus calles cuadriculadas hacía de sus baldosas peligrosas trampas resbaladizas, cuando su casco antiguo incluso lleno de gente le seguía pareciendo uno de los lugares más acogedores en los que había estado, cuando la fresca humedad del ambiente rozaba su piel mostrándole uno de los más simples pero también de los más agradables placeres. Por eso pensó en esa ciudad para encontrar la vida que le correspondía y había dejado perdida en manos de no sabía quién durante 38 años.

La primera noche y las doce siguientes las pasó en un pequeño hostal a las afueras desde donde realizó el resto de las llamadas que inevitablemente tenía que hacer, cerca de un parque y sin vistas al mar, pero que sin embargo recibía de éste la brisa al amanecer y al anochecer. De ese alojamiento pasó a un pequeño piso en alquiler y amueblado, con una mínima balconada de madera color añil orientada al paseo marítimo.

Empezó a buscar trabajo, en un principio en la biblioteca municipal, después en librerías y museos, incluso en el departamento de documentación del ayuntamiento y en la oficina de información turística, pero al no encontrar nada, y ante la necesidad de volver a hacer que sus cuentas bancarias no dieran miedo al verlas, aceptó otros trabajos menos gratificantes, sirvió en una cafetería, vendió cámaras fotográficas en un centro comercial como los que habían colonizado esa gran ciudad que había dejado atrás, y finalmente, encontró un trabajo que le gustaba y además le dejaba libre todas las tardes, en la emisora de radio local con más audiencia. La nueva Aurora no desaprovechó esas horas libres vespertinas y comenzó un proyecto que hacía mucho tiempo le rondaba la cabeza; igual que encontró el momento para salir de aquella opresiva ciudad, ése era el momento para empezar a escribir su libro.

Todas las tardes se sentaba cuatro o cinco horas a enredar y desenredar su novela; las primeras 100 páginas escritas fueron un derroche de imaginación teñida de tonos grises, el hilo conductor no era capaz de escapar de la tristeza y la melancolía, dio vueltas y vueltas a la historia, cambió los nombres de los personajes y las relaciones entre ellos, cambió la localización y el argumento central, pero todo aquello no hizo sino emborronar aún más todos aquellos matices negruzcos.

Un tarde soleada, justo cuando iba a comenzar de nuevo a revisar los capítulos de la novela, la fuerte luz del sol reflejó su figura en el vidrio de la centana y el viento giró ligeramente la hoja de ésta obligando a Aurora a verse a ella misma en aquel cristal cubierto de salitre. La complicidad del sol y el viento hicieron sonreir a la Aurora reflejada, y entonces pensó -pues si sonríes tú, yo también puedo- y la imagen reflejada le contagió una risa tonta que se autoalimentó durante un buen rato. Cuando a las dos mujeres se les pasó el repentino e inexplicable ataque, Aurora le dijo a su reflejo -oye tú podrías ser un personaje interesante ¿me dejas escribir sobre tí?.-

Y así fue como comenzó el libro que le devolvería su vida perdida, el libro en el que volcó todo lo que le quedaba por vivir a la mujer reflejada en el cristal.

La estúpida González

La estúpida González

Hola a todos, la estúpida González ha tenido tres días de no parar de trabajar y por eso la muy ESTÚPIDA no ha podido ni escribir ni visitaros. Dice que la perdoneis, la muy ESTÚPIDA (¡¡pues no haber trabajado tanto!), y que os ha echado de menos, y que está muy contenta de encontrarse a la vuelta de tanto trabajo con vuestros comentarios.
Y que os manda a todos un beso y os desea feliz fin de semana.

Chiste de Quino

Chiste de Quino

-¡ah!, claro, ahora, "¡¿qué hace, González?!",
"¡¿qué hace González?!"
... ¡pero todas las veces que González,
la estúpida González, se llevó trabajo de la oficina para hacerlo
en su casa, nadie vino a preguntarle "¡qué hace, González!"

Extractos

Extractos

¿cuántos vamos a ser al final? ¿cuántos litros de cerveza calculamos por persona?
(esto lo dijo uno de los sufridos encargados de hacer la compra para nueve personas tres días)

¿vosotros cuándo venís? ¿os contamos para la "colesterol party" de esta noche?
(alguien llamando a todos los convocados para pasar esos tres días del puente en una vieja casa de pueblo)

¿os falta mucho para llegar? ... es que a todos se nos han olvidado las llaves y está la cotilla de la vecina dándonos la murga ...
(esto lo dijeron los aguilillas que tengo por amigos)

¡¡el último en alto enciende la barbacoa!!
(lo dijo una amiga, pero bien podíamos haberlo dicho cualquiera porque para ciertas cosas somos aún muy infantiles)

¿alguien más va a querer vino? aviso que es del bueno ...
(eso lo dije yo antes de que vaciáramos tres botellas de tinto)

pues yo de postre voy a preparar un bloody mary ¿tenemos tabasco, no?
(una amiga que tiene el estómago a prueba de bombas)

¿apagamos la luz para poder ver mejor las estrellas?
(servidora)

¡mirad on ovni! ¿no veis esa luz que se mueve en zig zag? ¡eso no puede ser un satélite!
(la del bloody mary y sin gafas, no hacen falta más explicaciones)

¿no se han adelantado un poco los grillos este año? ¡todavía no es verano!
(uno que siempre va a su bola)

voy a preparar tostadas, a ver si el olor despierta a los que están todavía sobando
(siempre hay alguien que trata de llevar los horarios, y no se rinde)

yo propongo ir al pueblo ese de la cueva, y preguntar por allí para que nos indiquen
(uno que en realidad quería entrar en un bar para ver cómo iban las carreras de las motos)

¿tú te atreves? yo si venimos otro día con mi amigo Alberto y su material, sí
(una amiga tentándome para entrar en una cueva de las chungas, de las que hay que bajar con cuerda, mono y frontal, vamos)

¿alguien se ha traido crema solar?
(el sol empezó a cascar el domingo sobre nuestras pálidas pieles atontadas por el invierno)

... que ya hemos llegado a casa y aquí no hay ni dios ¿dónde estáis?
(los que faltaban por llegar; vaaaale, ... se nos alargó el aperitivo y ¡esos TAMPOCO se habían acordado de llevar llaves!)

¡guardad al perro, que me espanta las gallinas!
(la vecina cotilla, de quien han aprendido mucho sus gallinas, porque se pasaron el día entre nuestros pies a pesar de que el perro se lo pasaba pipa amenazándolas con desplumarlas)

¿y qué se le echa al alioli? es que yo no sé
(alguien que se creyó que por hacerse el tonto se iba a poder quedar con su cervecita al sol mientras los demás preparábamos ensaladas, patatas y demás)

¿alguien va a comer más chuletas o pongo los pimientos y los champiñones?
(el pobre al que siempre le toca hacer de chef; estamos empezando a sospechar que en realidad le gusta)

... legalmente no habría problema para hacerlo porque está contemplado dentro de la acción de deslindaje y amojonamiento ...
(la abogada del grupo, que incluso con un pacharán en la mano es capaz de soltar esos palabros)

pues ¿no nos han 'amolao' la virgen esta semana?
(el casero, que siempre que ve que ya estamos de sobremesa, viene a darnos un poco de charla; lo que quería decirnos era que habían robado la virgen de la ermita, pero la traducción verdadera sería que nos han jod*** a la virgen ¡¡vaya contradicción!!)

ta-ta-tá ta-ta-tá ta-ta-ta-ta-tá ta-tá
(una chica que lleva dos meses recibiendo clases de claqué y trataba de enseñarme unos pasos que me parecieron realmente difíciles)

¡pero haz algo con las manos, que tienes los puños cerrados!
(siempre hay alguien que desde su silla opina y da consejos, mientras yo sólo trataba de no tropezarme al ritmo del ta-ta)

click ¡click! ¡click!
(la dichosa cámara que no deja a una tranquila hacer el payaso)

¿quien se apunta a un bloody mary?
(la misma que la noche anterior, es que dice que está perfeccionando la técnica)

yo no, prefiero un gintonic 'arreglao' ¿alguien más?
(yo, dispuesta a compartir con otra la botella de tanqueray; pero ya estaba empezada ¿eh?, que no terminamos tan mal)

aquél día sólo subieron ocho hombres corriendo y llorando porque al resto los habían matado en el frente de la laguna
(el casero de 79 años, que seguía allí después de dos horas, contando batallitas sobre la guerra civil a la sección masculina ¿porqué a los tíos les interesará tanto ese tema)

¡uy Benito, perdona! ¡casi te piso, es que no te veía!
(yo hablándole al perro, un drathar que es un pedazo de pan)

pues ya le podíamos haber invitado a un café o algo, que ha estado el hombre aquí más de tres horas
(una que nunca habla al casero porque dice que no le entiende nada y que entonces nunca sabe cómo responderle)

pues yo mañana quiero ir al sitio que ha dicho este señor a ver si encontramos balas
(un amigo pirado por las historias de la guerra civil, bueno en realidad de cualquier guerra, aunque haya sido objetor)

a ver si el domingo que viene quedamos con I. y T. y conocemos de una vez a su niña
(alguien hablando de que teníamos que quedar con la primera pareja del grupo que ha tenido descendencia y que no vinieron a esta quedada porque aún no está muy hechos al cuidado de la criatura)

a lo tonto, a lo tonto, nos ha durado la barbacoa, o al menos la sobremesa hasta las 2 de la mañana
(alguien muy observador que de pronto a las dos de la mañana se había dado cuenta de que ya era de noche)

yo me voy a 'mirmir', que estoy que me caigo
(yo al subirme a dormir, así que no tengo más extractos de ese día)

¿desayunamos fuera?
(uno que no tenía suficiente con que el sol nos hubiera dejado a todos la cara tan roja el día anterior, que dolía sonreir, y no os cuento bostezar)

oye, yo tengo una moneda en el bolsillo ¿y si la embadurnamos un poco de barro y le decimos que la acabamos de encontrar?
(la novia del buscador de tesoros de nuestra historia reciente que y allevaba más de media ahora caminando por un sembrado sin retirar la vista del suelo, temerosa de que la búsqueda se eternizara)

en casa ya no queda comida, ¿y si vamos al bar del pueblo de al lado a comer de raciones?
(el más práctico; cualquiera de las chicas hubieramos intentado buscar en la despensa algo para terminar sirviendo unos macarrones con tomate, o un arroz con nada, o algo así de insulso)

me tenía que haber traido las guías de flores melíferas, está esto en plena explosión
(yo alucinando con la genista, el tomillo, las lilas y algo que olía como el jazmín pero que no reconocí)

vaya qué pereza da irse ahora, con el buen día que está haciendo
(lo dijo uno, pero lo pensamos todos al plantearnos lo de recoger, barrer, y armarnos de paciencia para los 150 km de carretera hasta Madrid)

nos vemos el viernes que viene por la Cava Baja ¿vale? ¿nos llamamos?
(pensando en las siguientes cervezas juntos, que ¡menos mal! son ya dentro de nada)

Robo

Robo

- ¡Señor Agente! ¡Señor Agente! ¡ayúdeme!
- ¿qué le ocurre señora? ¿ha sido agredida?
- sí, bueno ... no exactametne, es que me han robado ...
- ¿cuándo? ¿ha visto al asaltente?
- hace unos minutos, era una mujer
- ¿puede describirla?
- pues sí, se parecía mucho a mí, sólo que más vieja, aparentaba unos sesenta años
- mmm, ya veo, y usted tiene ... como cincuenta y cinco o cosa así ¿no?
- no, en realidad tengo 59 años, cumpliré sesenta el mes que viene.
- bien, y ¿qué le ha robado exactamente?
- mi juventud, agente, me ha robado mi juventud ...


Imagen: fotografía de Martin Walls

Deseo

Deseo

El deseo me invadía esta mañana,
cuando mis ojos se han abierto sólo para buscarte,

mis brazos se han estirado para encontrarte,

mi cuerpo ha esperado ser de nuevo abrazado por el tuyo,

mis oídos se han esforzado pero no han logrado escuchar lo que me decías anoche,

mis labios han querido volver a crear junto a los tuyos nuestros besos,

mis susurros han tratado de llegar a tí para acercarte,

y mis arrugas han añorado volver a mostrarse al sonreir con tus palabras.

Hoy me he despertado enamorada,
enamorada de tí porque te has adueñado de mis sueños.


Sí hoy me he despertado enamorada de ...
¡de Fernando Alonso! ¿¿¿¿¿?????

Teniendo en cuenta que a mí este chico nunca me ha llamado la atención lo más mínimo, me resulta raro. Pero los sueños son así (al menos los míos), rarísimos, esta noche este desconocido se ha colado entre mis cosas, supongo que porque ayer estuve hablando con mi hermana, que acaba de hacerse fanática del F1, sobre el Gran Premio de Montmeló que se celebrará la semana que viene.

Ya se me ha pasado, ahora hasta me parece ridículo, y por eso lo cuento en este post, pero me pregunto qué pasará cuando le vuelva a ver por la tele ...
¿volarán mariposas en mi estómago?

Imagen: fotografía de Karl Blossfeldt

El diario que nunca tuve

El diario que nunca tuve

Hoy he vuelto a equivocarme al despertarme, esta vez tenía quince años y estaba muy enfadada porque mis amigas se habían ido a fumar con la chica recién llegada al barrio, así que he cogido ese diario que nunca tuve y he empezado a leerlo para ver si encontraba algún recuerdo agradable.

Resulta que lo empecé a escribir ¡con tres años!, empieza el 11 de julio del 77 contando qué regalos me han hecho por mi cumpleaños, que he podido apagar las velas y que la tarta que me habían hecho mi madre y mis hermanas mayores estaba muy rica.

Avanzo rápido unas cuantas páginas y me encuentro con el día que aprendí a multiplicar, esperaba yo frente a la puerta del colegio a que llegara mi madre a recogerme y cuando subí al coche le conté emocionada mi hazaña; al parecer me sentía muy orgullosa.

Unas páginas más adelante me encuentro la crónica de un campamento de verano en Asturias, resulta que cayó el diluvio, el Sella se desbordó y tuvo que ir la Guardia Civil y los bomberos a rescatar a los cerca de 100 niños que habíamos ido a pasar una quincena de julio rodeados de amigos.

En la siguiente página sólo está escrito con una letra muy parecida a la mía "esta es la primera carta de amor que recibo, tengo 9 años", y a continuación hay pegada una hoja de papel, algo que me escribió quien yo consideraba mi amigo y que tras eso dejó de serlo.

Dejo pasar bastantes hojas rozándolas con mi dedo pulgar y me detengo en la primera escrita con bolígrafo, todas las anteriores estaban a lápiz. Comienza con la fecha, 5 de julio del 82, y sigue, haciendo una preciosa descripción de un paisaje de montañas con muchas nubes, la luz del sol filtrada a través de ellas no alcanzaba a calentar el aire y tenía frío. Así termina esa anotación, no entiendo muy bien el mensaje que quise transmitir pero desde luego, si fui yo quien lo escribió, lo escribí de una forma tan bella, que ahora sería del todo incapaz.

Enseguida reconozco la página en la que cuento la primera vez que me enamoré, bueno, que creía estar enamorada, porque a esa edad todos los amores parecen los únicos. Tampoco aquí me reconozco a mí misma, recuerdo algo parecido, pero no esos sentimientos tan intensos que parecían inundarme.

Unas páginas después llego a hoy, bueno al hoy de mis quince años; ya está escrito lo que me ha pasado con mis amigas y que, muy enfadada, he decidido quedarme en casa leyendo (no especifico el qué), paso página y me encuentro la fecha de mañana, y después la del día siguiente, y más adelante la de un año después.

Cierro el diario de golpe asustada y pienso ¿cuál será la última página, hasta qué día de mi vida ha escrito alguien con mi letra estas cosas? Tengo miedo a leerlo entero por si se parece a lo que he vivido y por si me encuentro con lo que viviré.

Imagen: fotografía de Chema Madoz

Tres vidas tras la puerta

Tres vidas tras la puerta

Un anciano encorvado cruza la sala arrastrando los pies sobre las baldosas de terrazo desgastado por las idas y venidas de la gran familia que un día habitó esa casa. Ahora sólo está él, se levanta muy temprano, como cuando tenía que salir a trabajar al campo huyendo de las peores horas de sol. Tras tomarse el descafeinado soluble que el médico del pueblo le ha recomendado desayunar a diario junto con unas galletas bajas en azúcar, sale a caminar por la antigua carretera que lleva al pinar. Allí suele recoger algunos palos con los que por las tardes talla cucharas y tenedores de cocina, y piñas para encender la estufa. En el camino de vuelta hace una parada en casa del vecino, se suelen sentar en el poyete que un día le ayudó a levantar junto a su puerta y allí hablan de todo un poco, hasta que suenan las campanas de la iglesia anunciando las doce. Tras pasar por el despacho de pan y comprar media barra, continúa hacia su casa para prepararse la comida; suele ser algo poco elaborado, mezcla unos cuantos productos de la huerta de Doña Justina con unas piezas de aguja de ternera que le compra al carnicero ambulante de los jueves. Se sienta frente al televisor para que la Primera le acompañe mientras vacía su plato de cuchara y su chato de vino. El descafeinado de la sobremesa lo toma en el bar al ritmo de las piezas de dominó al chocar contra la sufrida mesa de contrachapado. Tres partidas de dominó y una de tute, y después a casa, que siempre hay algo que arreglar porque un día le dijeron que cuando una casa está del todo terminada, entra en ella la muerte. Reforzar un estante, cambiar una bombilla, sellar una fuga de una tubería, o un grifo que gotea; y si no encuentra tareas pendientes, se dedica a alimentar su vieja navaja albaceteña con los trozos de madera que va recogiendo para fabricar los utensilios de cocina, que siempre hay alguien que le ha pedido uno. Con el telediario de Milá cena algo ligero, normalmente tomates y lechuga de su propia tierra y una fruta de Doña Justina. Se va a dormir temprano, porque mañana llegará su hijo temprano para ayudarle en algunas tareas demasiado pesadas para su espalda cruvada por tantos años y tanta sabiduría.

A las diez de la mañana se oye el motor del 4x4 que aparca frente a la casa. Bajan de él su hijo y su nieto de 10 años, que este fin de semana le ha tocado a papá. El abuelo les espera en la cocina con unas tostadas ya algo frías, les esperaba para las nueve, pero parece no importarles, las devoran untadas con mantequilla y mermelada que elabora, cómo no, Doña Justina. Les espera un día de mucho trabajo, tienen que limpiar de piedras un terreno que ha estado en reposo preparándose para el cultivo, así que cuando terminan de despachar las tostadas, salen los tres y se suben al todoterreno. La tierra en la que tienen que trabajar está a cinco minutos escasos y la conversación en el coche no pasa de las preguntas de rigor de ¿cómo éstas?, ¿qué tal en el cole, chaval? y ¿cómo te las estás apañando aquí estos días de tanto frío?. Llegan y se ponen a la faena, agacharse, levantar piedras y echarlas a la carretilla para amontonarlas en las lindes, van surgiendo nuevas conversaciones, nuevos temas. El hijo cuenta cómo podría sustituir la estufa de leña por un nuevo calentador a gasoil, que toda la gente de los pueblos lo está haciendo y que el viejo se está quedando anticuado, que él le puede ayudar, ir pidiéndole un presupuesto a alguna empresa de la ciudad y organizárselo todo. El abuelo asiente con un "ya veremos" y el nieto sigue colaborando en la metódica faena, aunque sus piedras disten mucho de ser como las que los otros dos levantan. El chaval encuentra una piedra muy peculiar: es perfectamente redonda y muy suave

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En la Residencia Los Jardines se respiraba tranquilidad siempre, pero aquél era un día soleado de primavera que invitaba a sus habitantes a pasear por los agraciados jardines que daban nombre a este lugar, y Juan fue el primero en sustituir las zapatillas de felpa por los zapatos y salir a respirar un aire menos viciado que el que a diario tenía que respirar en el salón de juegos o en el de la televisión.

Juan vivía en este lugar desde poco después de las navidades del año 99, cuando su único hijo aceptó un trabajo que le obligó a cambiar su residencia a otro país y otro continente, y él se quedó en casa, sólo acompañado por su diabetes y el aparatito de emergencias que llevaba colgado al cuello por si algún día tenía que darle al botón. Su hijo le convenció de que aquella residencia era el mejor lugar para él, que estaría bien cuidado y conocería nuevos amigos, y aunque Juan no quería mudarse a ese lugar, lo hizo porque en caso contrario sería un estorbo para su hijo, que tendría que estar llamándole a diario para asegurarse de que estuviera bien.

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